El Kybalion, obra atribuida a Hermes Tismegisto contemporáneo de Abraham, se inscribe dentro de la literatura hermética y base del ocultismo. Mediante el desarrollo de siete principios fundamentales, se trata de que quien lo lea encuentre respuestas a las grandes preguntas de la humanidad.
A manera de metáforas, el Kybalion establece como premisa básica que los labios de la sabiduría estarán sólo abiertos para quienes tengan capacidad de comprender. Así, esta obra, por cierto no original, pues en realidad es una interpretación y explicación del contenido del auténtico Kybalion busca que muchos de los cuestionamientos del hombre desde que es hombre encuentren una respuesta filosófica, que dé sentido y orientación a la vida.
Quizá de los principios más complejos de comprender es el del Todo, al que se le atribuye el carácter de deidad, pero distinta a la de la cultura occidental o judeo-cristiana, que ha imperado en este lado del mundo desde hace más de dos mil años. El Todo es espíritu, es imposible conocerlo porque nadie es capaz de conocer la totalidad de lo que existe. El hecho de que algo sea desconocido o negado para una persona o un grupo no significa que ese fenómeno o cosa no tenga existencia propia.
El conocimiento, de esta manera, siempre es parcial, porque sólo el Todo puede conocerse a sí mismo. El Kybalion no es tampoco un documento científico, en el sentido que hoy atribuimos a esa característica. Es decir que requiere comprobación y validez, por lo menos mientras esta última no sea falseada por nuevos conocimientos. Por ejemplo, durante siglos la tierra fue plana, hasta que un hombre de ciencia, Galileo Galilei, pudo demostrar que era redonda. El planeta y el sistema solar no comenzó a existir a partir del descubrimiento científico, sino que siempre estuvo ahí, quienes lo ignoraban eran los seres humanos, que tenían una “creencia” distinta respecto al Universo.
Por eso como muchos otros conocimientos, al Kybalion hay pensarlo no como una verdad absoluta, sino como una forma más de acercarse a la realidad y como una forma de explicación filosófica, sobre lo que nos rodea, en un contexto determinado. El Kybalion es solo eso, una manera de comprender y de explicarse; es, al fin de cuentas, una teoría del conocimiento que puede quedarse en el terreno de las creencias.
viernes, 17 de septiembre de 2010
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Tres operaciones básicas
Pensar, razonar y proponer o juzgar son las tres operaciones básicas del conocimiento. Como ya se ha dicho el pensamiento implica hacer una representación mental de un sujeto sobre un objeto. Ahora bien ese proceso conviene analizarlo a la luz de las tres operaciones señaladas.
En cuanto al pensamiento hay que entenderlo como un proceso en el que el intelecto elabora conceptos que permiten caracterizar de manera clara un objeto o fenómeno. Aquí resulta fundamental que el ejercicio de pensar sea útil en la tarea de esa formulación, sea para comprender o aprehender un objeto de estudio. Por ello, en el marco del estudio del Derecho, resulta pertinente pensar ¿Qué entendemos por Derecho? ¿Cómo lo concebimos, más aun que siendo un objeto intangible exige un esfuerzo de abstracción?
Sin embargo, un conjunto de conceptos aislados sólo le servirán a un individuo como un acervo de conocimientos. La cuestión relevante entonces es el razonamiento, que en este caso no debe confundirse como el raciocinio, sino como también como un proceso racional que permite concatenar y relacionar los conceptos elaborados o adquiridos para aplicarlos a la solución de un problema determinado.
Para lo anterior, es indispensable que el razonamiento contenga dos elementos: materia y forma. De este último aspecto se ocupa la lógica y de la materia o contenido se ocupa la disciplina de estudio. Así, por ejemplo, en el Derecho, la materia está compuesta por diversos conceptos como pueden ser la justicia, las fuentes, el poder, el Estado, etc.
De la forma, se encarga la lógica, en el sentido de que el proceso de razonamiento parta de premisas o enunciados que, al unirlos y pensarlos, lleve a una conclusión que resulten válidas, por lo menos para el grupo al que se le aplicará o lo utilizará.
El juicio entonces, como fase final del proceso de razonar algo, debe ser una conclusión o proposición que conduzca a reconocerla como verdadera o falsa. En esta etapa de la elaboración del juicio, el lenguaje y, en particular, la construcción de enunciados es un recurso de gran valor para expresar la conclusión, comunicarla y, en la medida que esta es aceptada o rechazada por un grupo determinado, como es el Derecho, sirva no sólo como un proceso intelectual sino que tenga validez práctica en la vida de los miembros de ese grupo.
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