viernes, 29 de octubre de 2010

Reflexiones sobre la inseguridad ¿Qué hacer?

La inseguridad que se está manifestando prácticamente en todas las entidades del país es un problema complejo y de tal magnitud que ha puesto en entredicho al Estado mexicano y, sobre todo, la eficacia de sus instituciones.

La problemática actual se caracteriza por organizaciones delictivas con gran capacidad para enfrentar al Estado y para generar condiciones de violencia creciente, en tanto que las instituciones públicas no cuentan con los elementos necesarios y suficientes para hacerles frente, ni los instrumentos legales, de coordinación, de procuración y de impartición de justicia parecen estar preparados para la situación de violencia.

Pese a que hay una estrategia que se ha mantenido durante varios años, que las instituciones de seguridad realizan esfuerzos para contener las expresiones de los grupos de delincuentes, principalmente vinculados con el narcotráfico, que el Congreso ha aprobado reformas legales y que los gobiernos estatales, aun con recursos limitados, colaboran en la lucha, la inseguridad presenta signos alarmantes.

La inseguridad y la violencia no son cuestiones únicamente de percepción social o de persecución a algunas organizaciones y la aprehensión de cabecillas, sino que están alterando realmente la cohesión social y dificulta la gobernabilidad,

Las acciones que se han tomado son claramente ineficaces porque no han alcanzado a todos los aspectos que generan la violencia. De poco ha servido la estrategia gubernamental para evitar el lavado de dinero, para controlar las aduanas, para vigilar y sellar puertos, aeropuertos y carreteras, para restablecer condiciones de seguridad aceptables en ambas franjas fronterizas.

Más que discutir cada una de las deficiencias, aunque se requiere hacerlo, es indispensable reconocer lo que está en el fondo y que ha dado pie a que los grupos delincuenciales encuentren terreno fértil para sus actividades.

Lo que no está funcionando es la política económica. Se requiere un cambio profundo que permita dar respuesta a la demanda de empleos permanentes y con salarios remunerativos. El narcotráfico ofrece a miles de jóvenes oportunidades de ingresos superiores a los que pueden obtener con un trabajo legal.

La pérdida de la confianza y de esperanza, principalmente de los jóvenes, ha trastocado la vida en las comunidades y en las zonas urbanas. El creciente número de personas en edad productiva que no tienen trabajo ni opciones de estudio representa un auténtico caldo de cultivo que dificulta la acción del Estado. Por eso, cualquier estrategia de seguridad requiere una visión integral del problema y de sus soluciones. De otra forma y en tanto que los delincuentes sigan teniendo enorme capacidad de respuesta, se corre el riesgo de caer en prácticas cada vez más autoritarias.

El Estado debe responder no sólo con acciones represivas y de carácter policiaco. Es correcto buscar el restablecimiento del Estado de Derecho, pero no es por la vía de usar exclusivamente la fuerza como se logrará este cometido. Por el contrario, las tensiones se agudizarán y existe el riesgo de expresiones más radicales, en las que se confundan en uno solo grupos delictivos con agrupaciones que abanderan luchas sociales.

En ese sentido, se requiere una mayor presencia del Estado con una política social más incluyente, que permita reconstituir el tejido social y la interlocución entre el gobierno y la población. La política social que se ha impulsado durante los últimos diez años se ha concretado a transferir recursos económicos, siempre insuficientes, para resolver los problemas de la pobreza.

Por lo anterior, en la discusión sobre la inseguridad es conveniente poner en la mesa no sólo cuestiones relacionadas con la coordinación entre órdenes de gobierno, la aplicación de la ley o los órganos de seguridad pública, sino que es necesario analizar la utilización de otros instrumentos que tiene a su alcance el Estado, para impactar, de verdad, en los aspectos estructurales de la inseguridad. Hay que combatir a los delincuentes, pero al mismo tiempo ofrecer oportunidades auténticas de desarrollo económico y social a la población

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