viernes, 15 de octubre de 2010

Soberanía: Concepto dinámico

El concepto de soberanía surgido como tal junto con el Estado moderno durante el renacimiento y consolidado en el periodo de la Ilustración se ha transformado a lo largo de cinco siglos. Como todo conocimiento y creación humano la idea de soberanía no se ha mantenido estática, sino por el contrario se ha ido modificando, sobre todo en el contexto de la evolución de las relaciones internacionales.

En principio, conviene apuntar que la soberanía la entendemos como el poder de decidir en última instancia y sin apelación. Es decir en quien recae el ejercicio de esta facultad está la capacidad de hacer valer su voluntad sin que nadie pueda cuestionarlo. Aquí surge entonces una pregunta fundamental ¿a quién se le debe adjudicar la soberanía? Desde el punto de vista de la ciencia política, esta es una característica consustancial al Estado. Así, nadie más ostenta esta facultad.

Pero como se ha dicho, la soberanía ha cambiado a lo largo del tiempo más que en su concepción general, en su ejercicio. En la historia encontraremos muchos ejemplos de que nunca ha habido una aplicación estricta o absoluta de la soberanía. Si bien al interior de los Estados nacionales la voluntad soberana es una máxima que no admite cuestionamientos y esta se adapta al arreglo jurídico, político y social de cada forma de organización de la sociedad, lo cierto es que siempre ha estado expuesta a la vulneración de otros Estados.

La soberanía debemos entenderla en cada contexto histórico y de acuerdo con las circunstancias geopolíticas, geoeconómicas, sociales e incluso culturales. De esta manera, la soberanía es un concepto relativo. Es y opera de manera diferente en las monarquías, en los Estados teocráticos, en los tribales, en las democracias o en las dictaduras, por señalar algunos ejemplos.

La soberanía es entendida de distinta forma no sólo en los siglos XVI o XIX que a finales del XX y comienzos del XXI. Tiene características peculiares y un sentido propio para el mundo colonialista anterior al Siglo XIX y XX, que en las naciones independientes que surgieron en ese momento. De igual forma, opera y se concibe de distinta manera en las posguerras mundiales, en especial para los países que las perdieron, como también sucedió durante la etapa conocida como neocolonialismo y la Guerra Fría.

En épocas más recientes con la globalización económica y cultural, incluso con acuerdos regionales como el de la Unión Europea o la creación de organismos internacionales y acuerdos multinacionales, así como una interacción intensa entre sociedades y un constante movimiento migratorio, la soberanía se entiende o, mejor dicho, se ejerce de manera diferente a lo que ocurría en otras etapas históricas. Hoy en día una concepción absoluta resulta anacrónica.

De ahí que el arreglo jurídico-político interno en cada Estado puede quedar rebasado fácilmente por la realidad. Así la soberanía no debe comprenderse como un concepto jurídico inamovible, sino que es necesario que éste se adapte a las nuevas circunstancias, buscando que el principio de decidir en última instancia quede a salvo lo más posible, sin que esto constituya un obstáculo para poder actuar en un mundo cada vez más interdependiente, pero al mismo tiempo preservando lo esencial que da sentido, permanencia e identidad a una nación. De otra manera, el concepto de soberanía correría el riesgo de convertirse en una expresión retórica sin contenido. Por eso, la soberanía es un concepto dinámico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario